El Primer Paso
Recuerdo que una de las principales cosas para resolver un problema es "aceptar que tienes un problema". Como si el hecho de saberlo hiciera las cosas más fáciles o aliviara un poco el dolor en el pecho al comprender que realmente es tu culpa.
Tal vez exagero.
Después de todo no me comparo ni un céntimo a los grandes psicólogos que se albergan en cualquier parte del mundo, los cuales, por cierto, tienen todo mi respeto por aguantar gente cómo y peor que mi persona.
De por sí no es sencillo lidiar con nuestros problemas como para hacerlo con los de otros.
Pero admito que me parece algo tonto que, el primer paso, sea aceptar que estoy como la mierda y que posiblemente es mi culpa que todo lo que planeo no se cumpla, lo cual significa que mis aspiraciones no se realizan por que me saboteo a mi mismo.
A decir verdad me parece el paso más hijo de puta de todos. El más difícil (al menos hasta ahora) que me ha tocado, pues me deja ver que todo realmente es mi culpa, y el hecho de culpar a otros de mis desgracias solo me hace un ignorante cegado por mi propia auto-compasión. Y eso es algo que odio.
Personas así no son de mi agrado.
Tal vez por ser demasiado diferentes, pero al tiempo tan parecidas a quien fui en su momento.
El punto es que me desagrada el saber que auto-saboteo mi propia felicidad. Por temor al instante en que se vaya, o el segundo en que me acostumbre a estar tranquilo por demasiado tiempo. Sé que la vida no es plana, tiene altos y bajos, lo necesario para hacernos mejores, pero ¿Quien no quiere ser feliz todo el tiempo? y ¿Quien admite su culpa al no ser feliz?
Cuando acepté mis problemas creí que todo sería más sencillo, y hasta cierto momento así fue, pero después todo empeoró. Cada que tenía un ataque de ira solo pensaba en que la razón por la que estaba enojado no eran las palabras, o gestos, o demás acciones de los otros. En realidad era mi culpa, era mi responsabilidad el que no me afectara a esa magnitud.
Y entonces al que quería golpear era a mí. Por tonto, por sentir demasiado, por irracional, por dejarme llevar, por auto-lesionarme, por todo.
Era mi culpa, y aún así no podía controlarlo después de saberlo.
Creo que eso es lo que me exaspera tanto de ese tonto punto. Me enoja el saber que aún sabiendo que es mi culpa y que tengo un problema no logro controlarme. Y detesto no tener el control de las cosas.
Lo mismo pasa con la relación con mi padre. Después de tantos años por primera vez no lo culpo por abandonar a su familia, en cambio, me culpo a mí por creer que cambiaría, me culpo a mi mismo por ser tan ingenuo y decirle que era mi héroe. Cuando en realidad ni siquiera se merecía ser un personaje de mi historia.
Pero gracias a eso mi odio consume todo de mí, más aún porque solo debe centrarse en una persona. Y duele en cierto punto. No poder confiar en mi mismo y lo que siento me abruma, me llena de ansiedad el comprender que un futuro feliz depende de mí y podría arruinarlo en cualquier momento.
Sé que eso nos pasa a todos, a veces nuestros miedos vienen con fuerza dispuestos a devorarnos, pero muchos no ceden. Son más fuertes que sus monstruos. Pero también existimos personas como yo, que sienten demasiado, con fuerza, como si fuera la primera y ultima vez. Y entonces sucumbimos a nuestros miedos, y fraternizamos con ellos hasta creerlos correctos, parte de nuestra retorcida familia.
Un amor tóxico, como suelen llamarlo. Con la diferencia que es contra tu mente, y ella sabe todo de ti. Lo que has dicho y lo que estás por hacer, tus pensamientos y sentimientos. Nada se le escapa.
Y te doblega.
Por eso creo que ese primer paso, el aceptar que tienes un problema, es para mí uno de los más difíciles pasos para progresar.
Haz convencido durante años a tu mente de que eres inocente, y ella te defiende. Pero cuando aceptas que es tu culpa tu mente cambia, y entonces se te lanza al cuello como una fiera, hasta que devora todo a su paso.
Hasta que no te sientes merecedor de las cosas buenas que te pasan porque sabes que lo arruinarás tarde o temprano. Hasta que le temes al amor, y lo repudias como la peor de las pestes. Hasta que poco a poco te quita las ganas de vivir, porque sientes que no hará falta alguien como tú en el mundo.
Y duele creerlo.
La verdad ni siquiera sé para qué escribo, estoy seguro que mis palabras se las llevará el viento en el sin fin de miramientos del internet. Ni siquiera creo que mis letras tengan un sentido definido. Pero me gusta creer que soy escuchado. Me gusta creer que así solo una persona lea el sin sentido que es todo esto, podrá sentirse identificada.
Y entonces sabrá que no esta sola.
Que aquí también hay alguien que pasa por la soledad de la noche, y teme ser mejor persona al no haber conocido más que quien es ahora. Que hay alguien que extraña a los que se fueron, y habría deseado pasar más tiempo con ellos. Que, simplemente, hay una persona que comprende que la depresión no es querer llamar la atención, y que sabe que la mente puede ser el peor enemigo jamás conocido.
Aquí, hay alguien que también está roto y solo intenta repararse a su manera. Aún si no es la correcta.
Pero al menos lo intento.
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